Duele decir que estamos en vilo constante con la pregunta latente de qué es lo que se viene o quién será la próxima víctima. Lastimosamente, hoy estamos al acecho de aquellos malevos que pretenden manejar toda la estructura de un estado a su antojo y, lo más triste, decidir quien vive y quien no.
Los últimos sucesos violentos en la región han demostrado que las estructuras criminales en su disputa por territorios y poder, se sumergen en una vorágine de muerte, acallando a todas las personas sean del nivel que sean, en el lugar que sea y en el momento que se les plazca.
Lastimosamente ya no sabemos a quien acudir, si quedarnos o huir por pensar que en otro lugar estaremos más seguros. Narcos aquí y allá, mezclados entre nosotros, gobernándonos y sometiéndonos a vivir en la desidia bajo su albedrío maldito.
Con el asesinato del fiscal Marcelo Pecci en Colombia, se ha desatado una lucha mortal entre los buenos y los malos en diferentes partes de Paraguay y de la región, tal parece que los malos han salido de cacería contra aquellos que, de cierta forma han arruinado sus negocios, atrapado a los suyos y por ende representan una amenaza para la industria de los ilícitos.
Una cacería de fiscales de Paraguay, Ecuador y de Honduras se ha desatado en menos de un mes y el mensaje que están mandando es claro y contundente. Estos hechos representan solo una pequeña parte de lo que estos criminales son capaces de hacer por sacar de camino a los que ellos consideran una molestia.
Hay muchas personas que no se dejan amordazar por el dinero sucio de la mafia y lastimosamente son estas personas las que pagan por su buen trabajo un alto costo, el de sus vidas. Las autoridades no hacen nada para luchar verdaderamente contra este flagelo de la mafia y el crimen organizado que está gobernando con dureza llevándose por delante a muchos jóvenes que caen en la delincuencia producto del mundo de las drogas.
Una lucha real con estrategias y sin cortinas de humo por parte de las autoridades, es la que necesita nuestra sociedad frente a esta terrible plaga.
Hay que dejar de jugar al gato y al ratón porque ya es hora de ir a tras los capos de la mafia que las autoridades saben muy bien donde están. Es terrible que nuestros representantes sean funcionarios del narcotráfico y que promuevan leyes que beneficien a las terribles estructuras y condenen a la ciudadanía.
Es momento de que el pueblo salga del letargo y que castigue duramente a sus verdugos, que dejen de condenarse a todos estos crímenes por un billete y que renovemos a nuestras autoridades midiéndolos con la vara de la idoneidad y no por su hermosa carita y su petulancia verborrágica.
Verdaderas propuestas que hagan énfasis en la seguridad de los ciudadanos y en la erradicación de la impunidad son las que deben primar en los planes de aquellos que pretenden ser los líderes de una nación en crisis para que de una vez se acaben las luchas mortales y el silencio cómplice de autoridades amordazadas por criminales.